Apretá el pomo que es carnaval-Nova

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Gualeguaychú vivió otro fin de semana largo de carnaval. Lo vivió a pleno. Las playas se tapizaron de gente, esa gente se tomó hasta el agua de los canarios y una vez más invadieron la ciudad para dar rienda suelta a toda la locura que durante meses reprimen en sus lugares de origen.

Pareciera que, en nombre del turismo, nos hemos convertido en la cloaca de muchos que vienen al “todo vale”.

Así, nos mean, nos cagan, nos vomitan y desparraman semen para aprendamos como divertirnos.

LOS COSTOS DE LA JODA.

El desenfreno tuvo su alto costo este año. El verano pasado causó conmoción el video de una joven haciéndole sexo oral a un hombre en una playa en plena media tarde, mientras una veintena de jóvenes que rodeaban la escena la alentaban para que siguiera hasta que llegara “el final felíz”.

 

Este año se han visto escenas de ese tipo y algo más. Sin embargo, ya no sería esto tan preocupante, porque han ocurrido otros hechos que son aún peores.

 

En los controles al ingreso de Pueblo Belgrano, turistas trompearon a los agentes de tránsito.

Una joven habría sido violada en una conocida playa.

 

 

Un joven de 22 años murió al tirarse a las aguas del río en estado de ebriedad desde el puente “Méndez Casariego” y perdió la vida.

 

AHOGADO EN EL RIO GUALEGUAYCHU

 

Otro joven de 22 años, aparentemente ebrio también, se cayó desde el paredón de la costanera y está internado en la terapia intensiva del Hospital Centenario, en coma, con pronóstico reservado.

HASTA LAS NORMAS FUERON VIOLADAS.

Recorriendo la costanera y las playas de la ciudad se pudo comprobar que no quedó una sola normativa por incumplir.

Cada uno hacía sus necesidades donde le venía bien. Los autos con grandes aparatos de audio ponían la música a volúmenes insoportables. Se vendió bebida sin control alguno durante las 24 horas. Los vecinos que viven cerca de la costanera aprovecharon la ocasión e improvisaron en sus veredas pequeños expendios de bebidas y comidas, por supuesto, sin autorización ni control alguno.

 

Los agentes de tránsito, los auxiliares y la policía parecían figuras decorativas en medio del “laizzes faire” carnavalero.

¿Y LOS CONTROLES?.

Si mal no escuché, desde el municipio se habían realizado varias reuniones con representantes de distintos estamentos para organizar y controlar el fin de semana largo del carnaval.

En los discursos se deslizó que se iba a controlar de manera tal que no se produjeran los despiplumes de años anteriores.

 

¿Qué pasó? ¿Para qué se reunieron? ¿Qué diagramaron?

 

 

No hubo una sola ordenanza que se cumpliera en este fin de semana. El desastre fue completo y lo más lamentable que estuvo teñido de muerte.

Mientras tanto, el presidente municipal carnavalea con la anuencia del público y la información es retaceada a los medios para que no se complique el negocio de algunos que este finde la levantaron con pala.

 

Mañana miércoles si usted circula por las calles de la ciudad, seguramente lo frenará algún operativo de tránsito y si algo no está en regla le podrán quitar el vehículo. O tal vez, si usted es comerciante, podrán visitarlo inspectores municipales para constatar las condiciones de higiene.

Parece que la ley no es pareja para todos y todas. Estos turistas de cuarta que llegan a defecarnos la ciudad tienen autorización para hacer lo que les dé la gana.

LOS BENEFICIOS.

Ahora vendrán algunos funcionarios con la historieta repetida. “Habrá que generar los mecanismos necesarios para efectuar un mejor control”. Ya me parece estar escuhándolos.

Al mismo tiempo exaltarán las bondades del turismo como generador de ingresos y porque Doña Rosa se rebuscó unos pesos alquilando la piecita y Don Ramón vendió toda la cerveza que le había quedado de la frustrante visita del Indio Solari.

Lo que no dicen es quién se beneficia en realidad detrás de este descalabro.

 

Lo que no admiten son las consecuencias que estos desbandes dejan en la ciudad. Drogas, alcohol, sida y otra yerbas de las que luego debe hacerse cargo la comunidad para subsanarlas, si es que se puede.

Se habla fácilmente en los discursos políticos asegurando que van a combatir el narcotráfico, pero este fin de semana en Gualeguaychú las drogas circularon como caramelos.

Este turismo no le hace bien a la ciudad. Este turismo sólo beneficia a unos pocos.

Las soluciones para frenar el descalabro están, pero nadie se anima a ponerlas en práctica.

Las preguntas que queda flotando es ¿Por qué nadie hace lo que hay que hacer? ¿Qué temores existen? ¿Qué poder tienen los que generan esta movida?

El carnaval es para divertirse y en eso estamos todos de acuerdo, pero la diversión tiene un límite que está dado por el respeto a las normas de convivencia social.

Si las autoridades no lo ven así, les sugiero que saquen el cartel con el nombre de la ciudad y lo reemplacen por uno que diga “Bienvenidos a la cloaca”.

 

 

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