Encuentran el cuerpo de Emiliano Sala, el “guerrero” argentino que luchó toda su vida por ser futbolista

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They find the body of Emiliano Sala, the Argentine “warrior” who fought all his life for being a soccer player.

La policía de Dorset, Reino Unido, confirmó este jueves que el cuerpo encontrado entre los restos del avión en que viajaba Emiliano Sala es el del futbolista argentino desaparecido hace más de dos semanas.
Sala se dirigía a Cardiff, la capital de Gales, para unirse al equipo del Cardiff City pero el avión en el que viajaba desapareció en el Canal de la Mancha el 21 de enero pasado con otro pasajero a bordo: el piloto David Ibbotson, de 59 años.
A los 28 años, Emiliano Sala había alcanzado su madurez futbolística y su fichaje por el Cardiff era considerado el pináculo de una carrera que por momentos pensó que nunca llegaría a cuajar.
Su nombre no era fácilmente reconocido en el mundo del fútbol, ni en su Argentina natal donde nunca jugó profesionalmente.
Pero tras unos meses en estado de gracia frente a la portería logró que fuera mencionado más allá de las fronteras de Francia, país en el que desarrolló su carrera.
Tuvo que pasar 12 años, y periplos por tercera y segunda división, para que le llegara su gran momento, ser protagonista en la Ligue 1 junto a las estrellas de la máxima categoría del fútbol galo.
Sus goles esta temporada no pasaron desapercibidos y hasta siete clubes de la liga más rica del planeta, la Premier League, se pelearon por un jugador que si bien podía ser limitado técnicamente ofrecía potencia física, era valiente y entrañable.

El jugador argentino se dirigía a Cardiff cuando el avión en que viajaba desapareció.

Tocaba la guitarra, aunque fue un pasatiempo que comenzó a hacer tarde en su vida, por lo que prefería dejarla en la casa.
Un mañana común para Sala era estar sentado en una mesa afuera de un café en Nantes con su perro labrador, Naja, entre sus pies.

Destino cruel.

Los aficionados del Nantes habían pasado todo el mes de enero esperando que su “guerrero” no se fuera. Y al parecer el propio jugador no estaba realmente convencido de hacerlo.
Su carrera se había relanzado gracias a su entrenador, Vahid Halilhodzic, después de un período en el que tuvo problemas bajos la órdenes de del anterior ocupante del banquillo, Miguel Cardoso.
Halilhodzic, quien también había sido el delantero centro del Nantes en su época de jugador, se había negado a discutir la posibilidad de la salida de Sala luego de haberse puesto como objetivo relanzar la carrera del futbolista argentino.
Veía en él aspectos similares al jugador que Sala había idolatrado de niño, el legendario goleador Gabriel Omar Batistuta.

Emiliano Sala jugó durante 2015 en el Caen de Francia.

“Es una persona sensible, que necesita sentirse con confianza, entonces la prioridad es ayudarlo a que crea en sí mismo”, comentó el técnico cuando asumió el cargo.
“Solo después de eso es que podremos hablar, de delantero a delantero”.
El propio jugador reconoció lo positivo de su influencia.
“El club estaba listo para venderme al Galatasaray, pero me aguanté. No me arrepiento porque Vahid y yo hablamos mucho, y voy mejorando constantemente”.
Entre julio y septiembre, bajo la dirección de Cardoso, Sala anotó cuatro goles.
Entre octubre y diciembre lo hizo en ocho ocasiones.

A lo Carlos Tévez.

Sala se había destacado como delantero en los últimos años.

Sala fue antes que todo un delantero que se dejaba llevar por su instinto.
Un jugador a quien le gustaba tener espacios y formar parte de un equipo cómodo al contragolpe; era ágil, pero a la vez resistente y en el que podías confiar, un verdadero guerrero sudamericano, entregado por completo a la causa.
Durante su etapa en el Niort lo llegaron a considerar el “Carlos Tevez local”.
También le decían “zorro del área”, gracias a su excepcional habilidad de anotar goles con la cabeza, con su perfecto sentido del tiempo. Es por eso que la Liga Premier parecía hecha a su medida.
Fue por eso que el Cardiff se decidió a pagar US$20 millones por el jugador argentino y convertirlo en el más caro de su historia.

Largo camino.

Emiliano siempre fue un buen compañero, con calidad para el balón y buena persona, destacan sus allegados.

Sala nació en la localidad de Cululú, en la provincia de Sante Fe, a más de 500 kilómetros al noroeste de Buenos Aires.
Pese a ser un prolífico goleador en su infancia, el jugador nunca fue llamado por uno de los grandes equipos del fútbol argentino.
Una puerta se le abrió en el Club Proyecto Crecer, en San Francisco, a dos horas de su casa, para probar suerte en la academia afiliada al Girondins de Burdeos.
Todos los que lo conocían coinciden en destacar que Emiliano siempre fue un buen compañero, con calidad para el balón y buena persona.
El conjunto francés vio potencial y lo invitó a unirse en las categorías inferiores del club, pero su progresión fue más lenta de lo esperado. Incluso cuando tenía 23 años seguía siendo considerado una “promesa”. Sus compañeros solían elogiar, pero también se burlaban, de su estilo sobre la cancha, todavía sin pulir.
Tras una temporada en el equipo de reservas, Sala salió a préstamo para el Orleans, de la tercera división, mientras que la siguiente la pasó en el Niort, de la segunda categoría.

“Descansa en Paz Sala, siempre estarás en nuestros corazones. Por siempre serás un “bluebird”, como se conoce a los fans del equipo Nantes.

Su entrenador de entonces, Pascal Gastieu, reconoció que en un principio no tuvo interés en él. “Consideraba que su técnica era solo la adecuada, aunque todo lo demás estaba ahí”, dijo. “Era un chico generoso que lo daba todo cuando estaba en la cancha”.
“Él sabía que podía mejorar, especialmente en su técnica. Él alcanzará la madurez más tarde que el promedio de los jugadores, ya lo verán”. Sala estuvo de acuerdo: “Mis cabezazos no son lo suficientemente buenos pese a que soy alto. Es algo en lo que tengo que trabajar”.

El momento.

Su próximo destino fue el Caen, ya en Ligue 1, pero tantos traslados y mudanzas estaban siendo difíciles para el futbolista argentino con nacionalidad italiana.
Fue por eso que cuando llegó la oferta de ir a Nantes, con un contrato de cinco años, no se lo pensó.
Allí comenzó a desplegar el fútbol que se esperaba de él y no tardó en llamar la atención de otros equipos.
El Wolverhampton, en ese momento en la Championship inglesa, presentó una oferta de unos US$6 millones, pero el presidente del Nantes la rechazó.
Sala se sintió tentado de probar suerte -“tal vez sea la segunda división, pero es una liga inglesa”- pero sabía, todavía con 26 años, que no estaba lo suficientemente maduro para enfrentar a las defensas en Inglaterra, conocidas por imponer su físico.
“Todavía no he dejado mi marca en el Nantes. Si me tengo que ir, me gustaría que fuera después de hacerlo, y me gustaría dejar un buen recuerdo de mí”. Y lo hizo, tanto con sus goles en el club como por su forma de ser con los aficionados y la ciudad.
Por eso es que tras pasar la revisión médica y completar el fichaje para cumplir su sueño de jugar en Inglaterra, Sala regresó a Nantes para despedirse de sus compañeros.
Después, abordó el avión con dirección a Cardiff.

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